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Protocolo, ceremonial y RRPP: criterio aplicado

No es solo lo que me preguntan. Es lo que he vivido, lo que he estudiado y lo que he hecho en el campo, en México y América Latina — traducido en criterio aplicable, no en teoría suelta.

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No es un evento, es un multiverso: protocolo (in)visible en el Tianguis Turístico de México

🌀 Análisis de caso No es un evento, es un multiverso: protocolo (in)visible en el Tianguis Turístico de México

No es un evento, es un multiverso: protocolo (in)visible en el Tianguis Turístico de México

No es una gran vitrina comercial: es una constelación de actos simultáneos, cada uno exigiendo una lectura y una ejecución distinta.

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El Tianguis Turístico de México suele entenderse como una gran vitrina comercial, de relaciones públicas y de posicionamiento. Y lo es. Pero reducirlo a esa dimensión implica perder de vista su verdadera complejidad: no estamos frente a un solo evento, sino ante una constelación de actos simultáneos —político, institucional, comercial y simbólico— que exigen, cada uno, una lectura y una ejecución distinta.

Inauguraciones, aperturas de stands, reuniones de negocio, presentaciones de destino, cenas de vinculación, activaciones de marca. Todo ocurre al mismo tiempo. Todo comunica. Y en ese entramado, el protocolo y el ceremonial no son elementos decorativos: son la estructura que permite que el conjunto tenga sentido.

Sin embargo, en la práctica, suelen desplazarse a un segundo plano. Y como en todo multiverso, hay realidades bien construidas… y otras francamente improvisadas. Porque sí, hay estados que han entendido el juego: que cuidan la forma porque entienden el fondo, que alinean narrativa, operación, protocolo y ceremonial, que saben cuándo hacer un acto… y, sobre todo, cuándo no hacerlo.

El acomodo de autoridades: cuando la lectura institucional falla

Uno de los errores más frecuentes aparece en el acto inaugural. El acomodo de autoridades, que podría parecer un asunto menor, es, en realidad, un ejercicio de interpretación institucional. No se trata únicamente de «quién se sienta dónde», sino de reconocer correctamente investiduras, precedencias y representaciones — la misma distinción de fondo que trabajamos en ¿Presidir y encabezar son lo mismo?.

Cuando esto falla, no siempre hay una crisis visible, pero sí hay consecuencias: jerarquías mal comunicadas, incomodidades entre actores clave, lecturas políticas innecesarias. Presídiums saturados, órdenes alterados o criterios improvisados terminan debilitando un momento que debería proyectar claridad, orden y liderazgo.

El acomodo de autoridades no es un asunto de «quién se sienta dónde». Es un ejercicio de interpretación institucional.

Los símbolos patrios no son decoración

A esto se suma un aspecto particularmente sensible: el uso de los símbolos patrios. En un evento de esta naturaleza, donde conviven lo institucional y lo comercial, es frecuente observar usos incorrectos de la Bandera de México, disposiciones inadecuadas frente a banderas estatales o incluso la inclusión del himno nacional sin un contexto que lo justifique.

Más allá de si «se ve bien» o «da formalidad», hay un tema de fondo: no todo momento amerita ceremonial cívico. Y cuando se incorpora, debe hacerse con rigor y siguiendo la normativa vigente: o se hace y se hace bien, o no se hace y no pasa nada.

Paradójicamente, en el intento de «darle realce» a un evento, terminamos diluyendo el significado de los símbolos. Los usamos de más… y los entendemos de menos.

Cuando el protocolo se vuelve un obstáculo comercial

Frente a todo esto, suele aparecer un argumento recurrente: «lo importante aquí es vender». Y sí, lo es. El Tianguis es, ante todo, una plataforma de negocio. Pero justamente por eso, el protocolo y el ceremonial no compiten con ese objetivo; lo potencian.

En contraste, cuando nos movemos a los espacios comerciales —como la apertura de un stand o punto de contacto— el problema suele ser el inverso. Se replica mecánicamente un formato institucional (corte de listón, discursos largos, rigidez escénica) en un entorno que exige dinamismo, narrativa y experiencia. El resultado es una disonancia: actos que no conectan con su público, que interrumpen la operación comercial en lugar de potenciarla.

Aquí, el protocolo no debería imponerse como rigidez, sino operar como una estructura flexible que ordena sin estorbar — el mismo criterio que desarrollamos en Precedencia, poder y criterio.

La falta de integración entre actores

En un entorno como el Tianguis, donde conviven secretarías y dependencias federales, gobiernos estatales, asociaciones, cámaras y actores privados, el reto no es solo ejecutar bien cada evento individual, sino articularlos bajo una lógica común.

Porque no basta con que un estado haga impecablemente su activación si, a unos metros, una asociación organiza un acto desarticulado que rompe la narrativa general. No se trata de competir por visibilidad, sino de construir coherencia. Aquí es donde aparece un vacío frecuente: la falta de integración real entre actores.

Cada quien organiza «su evento», cuida «su momento», protege «su espacio». Pero pocas veces se observa una coordinación estratégica que permita leer el ecosistema completo: quién está, qué representa, qué mensaje se quiere proyectar y cómo cada intervención suma —o resta— a ese objetivo. Es exactamente la misma tensión que ilustramos en Cuatro fotografías, un solo instante: distintos actores del mismo evento, cada uno protegiendo su propia narrativa. Y sí, hay que decirlo: el protagonismo mal gestionado sigue siendo uno de los grandes saboteadores silenciosos del protocolo.

La visibilidad sin estructura no posiciona: satura.

Presídiums inflados, intervenciones innecesarias, tiempos extendidos sin justificación. Todo en nombre de la visibilidad. Frente a esto, conviene hacer una pausa incómoda pero necesaria: si el objetivo del Tianguis es vincular y posicionar destinos, entonces cada decisión —desde el acomodo de una autoridad hasta la inclusión de un símbolo patrio— debería responder a esa lógica.

El protocolo y el ceremonial, bien entendidos, no son un freno ni un lujo. Son herramientas de claridad. Ordenan, jerarquizan, facilitan la interacción y elevan la calidad de la experiencia. Mal utilizados, en cambio, hacen exactamente lo contrario: confunden, alargan, distraen.

Por eso, la conversación no debería quedarse en la crítica. Debería avanzar hacia algo más exigente: profesionalizar, coordinar y, sobre todo, entender que en un entorno de esta complejidad, nadie comunica en solitario.

El Tianguis no se vive en eventos aislados, sino en la suma de todos ellos. Y esa suma —nos guste o no— también se protocoliza.
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